(A la hora de la Divina Misericordia, las 15h)
¡Oh, Jesús Misericordioso! Tu bondad es infinita y los tesoros de Tu gracia son inagotables. Me abandono a Tu Misericordia que sobrepuja todas Tus obras. Me consagro enteramente a Ti para vivir bajo los rayos de Tu gracia y de Tu amor que brotaron de Tu corazón traspasado en la cruz.
Quiero dar a conocer Tu misericordia, por medio de las obras de misericordia corporales y espirituales, especialmente con los pecadores, consolando y asistiendo a los pobres afligidos y enfermos. Mas Tú me protegerás como cosa tuya, pues todo lo temo de mi debilidad y todo lo espero de Tu misericordia.
Que toda la humanidad comprenda el abismo insondable de Tu misericordia, a fin de que poniendo toda su esperanza en ella pueda ensalzarla por toda la eternidad. Amén.
Jesús, en Ti confío
Jesús, en Ti confío
Jesús, en Ti confío
Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la malignidad y las insidias del diablo. Impérele Dios, te pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la celeste milicia, con divino poder, lanza al infierno a Satanás y a los demás espíritus malinos, que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Glorioso Arcángel, defiende a España y a su Iglesia, protege al Papa, a nuestro obispo y a nuestro párroco: libéranos y libera a tu parroquia de San Sebastián y a nuestros hogares para que podamos ver pronto el glorioso triunfo del Inmaculado Corazón de María. Amén.