CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 

¿Qué significa consagrarse a María?

 

La consagración a María es una renovación de las promesas bautismales que añade una nueva vinculación a la Virgen, y para ello no es obstáculo haberse consagrado ya antes a Ella porque, aunque por su propia esencia toda consagración tiende a ser permanente, esa permanencia no se produce automáticamente con una única consagración, sino que se logra más perfectamente mediante la repetición de las consagraciones.

 

Entregarse por completo a María nos vincula como Su propiedad en su carácter de hijos. Al ratificar nuestra pertenencia a la Madre de Nuestro Señor y Madre Nuestra hacemos en consciencia una entrega perseverante y un propósito concreto de crecer en la fe y en la práctica de las virtudes, que nos harán hijos más dignos. 

 

Todos los grandes santos marianos se han consagrado de manera continua:San Juan Damasceno, San Bernardo, San Juan Eudes, San Luis María Grignon de Montfort, San Antonio María Claret, San Juan Pablo II, San Maximiliano Kolbe, San Alfonso María de Ligorio, San Juan María Vianey, Santa Teresa de Calcuta…

 

La invocación a que la presencia de María en nuestras vidas sea permanente, y la donación a Ella de todo nuestro ser nos llenará de bendiciones y, además, nos preparará de una manera más adecuada para recibir el amor que tiene Jesús para nosotros. 

 

¿En qué consistirá la consagración?

 

La consagración a Jesús a través del Inmaculado Corazón de María consistirá en escuchar o leer durante treinta y tres días un pasaje diario que nos acercará más a Nuestra Madre y Señora. 

 

Daremos inicio con San Luis María Grignon de Montfort, quien fue el primer santo del que se tiene noticia que dedicó treinta y tres días para consagrarse a la Virgen. La segunda semana se dedicará a San Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, quien desde temprana edad deseó permanecer puro y ser mártir por amor a María. Después tocará el turno a Santa Teresa de Calcuta, en quien veremos la grandeza de su fe y amor a Dios. Finalmente, en la cuarta semana, leeremos sobre San Juan Pablo II y sus maravillosas experiencias marianas. 

 

El aprendizaje de las enseñanzas diarias será acumulativo y, al final, todas las partes se unirán para formar una imagen completa de la consagración mariana. Dichas enseñanzas se pondrán en formatos de texto y de audio en un grupo de Whatsapp de riguroso silencio que se creará al efecto. Vamos a hacer todo lo posible para contemplar con el corazón recogido las enseñanzas diarias. No olvidemos que, en la Sagrada Escritura, esta actitud contemplativa es esencialmente mariana.

 

El formato en audio nos permitirá compatibilizar la asimilación de las enseñanzas con nuestros quehaceres diarios pero, como el Señor conoce perfectamente nuestros corazones, no debemos desanimarnos si flaqueamos y llegamos a dejar la preparación. Confiados entonces en Su Divina Misericordia, pidámosle que nos ayude y recuperemos las enseñanzas perdidas para proseguir en nuestro camino hacia María, quien nos conduce inexorablemente a Su Amadísimo Hijo.

  

¿Cómo se hará la consagración?

 

El día treinta y cuatro de toda consagración es siempre una fecha mariana y, en nuestro caso,será el 13 de mayo, festividad de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y centenario de las apariciones de la Bienaventurada Virgen en Fátima a los beatos Jacinta y Francisco y a su prima Lucía -actualmente, en proceso de beatificación-, en que leeremos una oración de consagración a Nuestra Madre.

 

Podemos consagrarnos nosotros mismos y, además, consagrar a otras personas y a los seres queridos que deseemos: cónyuge, progenitor, hijo, familia, etc. El Señor conoce en lo escondido y sabe bien de las intenciones de nuestro corazón.

 

 

Indulgencia plenaria.

 

Asimismo, y con motivo del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, el Papa Francisco ha decidido conceder la indulgencia plenaria durante todo el Año Jubilar que comenzó el pasado 27 de noviembre y terminará el 26 de noviembre de 2017.

 Según el Catecismo de la Iglesia católica, la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.

 

En este Año Jubilar, y además de otros modos, se ganará indulgencia plenaria por los fieles piadosos que, cumpliendo primero con las condiciones habituales -confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre-, visiten con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o local adecuado en los días de los aniversarios de las apariciones, es decir,el día 13 de cada mes desde mayo hasta octubre de 2017, y participen allí devotamente en alguna celebración u oración en honor de la Virgen María. También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a la Virgen de Fátima.

 

Ello significa que, además de celebrar el segundo aniversario de nuestra capilla de Adoración Perpetua para dar gracias al Señor por el gran milagro que supone y las bendiciones que a su través derrama, no sólo podremos consagrarnos a Nuestra Madre, sino que el Cielo nos regala además una ocasión singular y propicia para ganar una indulgencia plenaria, don inmenso que el Señor nos hace mediante la Iglesia para avanzar en el camino de nuestra salvación.

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